SÍNTESIS GRUPAL
La corrupción es un mal que aqueja a todas las sociedades, son
parte de ella y casi imposible de eliminar; es una condición propia y aceptada
por nuestro entorno social. Se da cuando
los sujetos actúan en pro de sus propios beneficios o en pro de terceros, en
detrimento de los intereses del Estado y de los ciudadanos.
La percepción de corrupción en el sector público a nivel mundial
indica que entre más de 180 países analizados nuestro país está ubicado entre
los primeros 80. La situación no mejora y todos los años se ven escandalosos
casos de corrupción. De ello tenemos como resultados: presidentes y
vicepresidentes de la República exiliados, derrocados, crisis del sector
financiero que produjo un verdadero colapso de la economía nacional. La “Ética
para náufragos” denomina crisis de identidad, no sabemos lo que somos; crisis
de destino, no sabemos a dónde vamos; y, crisis de valores, no sabemos lo que
queremos.
Este flagelo ha aumentado dramáticamente con los años, y en
repetidas ocasiones nos encontramos con situaciones donde las personas no
pueden más que sorprenderse ante el descaro de los criminales, Pero todo esto
no pasa más de una frase refunfuñada, y es donde ocurre el mal que aqueja a
nuestra sociedad actual: la indiferencia. Vemos a diario las leyes en la
mayoría de casos no sirven o no cumplen
las mismas garantías para aquellos que si las pueden aplicar para los casos de
recompensa individualista; Se debe hacer más estricto nuestro sistema judicial
frente a los actores de la corrupción en nuestro país y que toda la comunidad defienda el bien
público de los corruptos que piensan que es el botín de ellos.
Al estar el poder en manos de dirigentes políticos corruptos el
sistema de orden de un país afecta desde la economía hasta la identidad del
mismo, ya que su individualismo y el enriquecimiento individual, nosotros como ciudadanos
buscamos también evadir el cumplimiento de las leyes, recordemos que no es solo
la falta de interés por parte de los ciudadanos en los temas que tienen que ver
con lo político y con lo estatal, sino el gusto de convivir con la corrupción
por algo es tan reconocido el dicho “hecha la ley, hecha la trampa”.
La privatización de los
espacios ha desencadenado falta de interés de los individuos por el prójimo. Las
instituciones encargadas de controlar la corrupción están siendo lideradas por
las mismas personas que son acusadas del flagelo, volviendo un círculo vicioso;
provocando en nuestra forma de ser ética que es dictada por nuestra dirigencia
y esta al ser un ejemplo claro de corrupción, brinda la imagen para que
nosotros como ciudadanos busquemos también evadir el cumplimiento de las leyes.
La mentalidad de nuestra sociedad debe cambiar y desde ya evitar
el juego con las leyes creadas, siendo estas
respetadas en todas las clases sociales y haciendo prevalecer el
principio del trabajo honesto como nuestra fuente de ingreso; empecemos a fomentar una cultura educativa con
ejemplos sociales para nuestra gente y así estaremos hablando el mismo
idioma, para poder poner la esperanza en
las generaciones venideras para que este problema de corrupción no nos siga
acabando.
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